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El lago Awasa, entre la cigüeña marabú y los niños pescadores

El lago Awasa, entre la cigüeña marabú y los niños pescadores

Mira de reojo al occidental con supuesto interés sin dejar de mover incansablemente las manos. Entre sus dedos, una tilapia, el popular pez africano que, tras ser descamado, acabará en una parrilla no muy lejana. La habilidad del chiquillo resulta manifiesta. En apenas unos segundos, el niño, utilizando dientes y dedos, desnuda al bicho. No será la única víctima de tan vistosa destreza. En la hora larga de visita al Mercado de Pescado de Awasa, decenas de ellos caerán en el cesto, listos para ser consumidos. El runrún de los pescadores con la captura de la jornada, los cormoranes en el horizonte y el comercio incesante completan un cuadro que obligan a la observación y la reflexión.

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Awasa, a 275 kilómetro al sur de la capital Addis, se ha convertido, con el paso del tiempo, en algo más que un alto en el camino para alcanzar la riqueza étnica del sur. Su ciudad, ubicada a 1.685 metros de altitud, constituye un lugar agradable para detenerse un mínimo de dos noches. Sin embargo, el gran polo de atracción está fuera de ella. El lago Awasa, con sus 9 mil hectáreas, es el más pequeño del Rift y un caledoscopio de la vida marina interior. Ubicado en una antigua caldera volcánica, el lago Awasa, con su fresca y abundante agua, es territorio prolífico de peces y vegetación. Viajeros de toda naturaleza, pero también la población local, se congregan aquí para disfrutar de aves acuáticas y fascinarse con las cigüeñas marabús, bien alimentadas con los restos de pescado con las que son suministradas.fishmarket_Awasa_Etiopia_2

A sus orillas, en un emplazamiento digno de visita, el Fish Market o Mercado de Pescado atrapa nuestros sentidos. Por infinidad de motivos. Impactante resulta la escena de los pescadores desayunando pescado crudo a rodajas con el imprescindible picante. O la captura del día, con los viscosos pez-gato amontonándose en el suelo y los habitantes de las aldeas cercanas adquiriéndolos en un ritual digno de cualquier lonja.

El estético lago nos ofrecerá una última sorpresa. Embelesados por el paisaje y la sucesión de estampas hemos perdido de vista al chaval del principio. Parece que está a punto de finalizar su tarea y busca una palabra amable. Un intercambio de impresiones. La agotadora jornada se ha enseñado con sus labios, deformados de tantas escamas desprendidas, pero no pierde la expresión cautivadora. Es el encargado de obsequiarnos con la sonrisa del día.   Texto: RAFA MARTÍN/Fotos: TONI ESPADAS

 

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