El maravilloso mundo del circo…etíope

El maravilloso mundo del circo…etíope

«Niños y niñas, padres y madres….¡bienvenidos al mayor espectáculo del mundo: el circo!» Dicho así, con toda la pomposidad que merece, a nadie se le puede resistir un universo tan mágico como apasionante. El circo, entrenimiento en mayúsculas, es el refugio de payasos, equilibristas, malabares y expresiones artísticas de toda índole. Pero no en todos crecen los enanos. Ni la seducción se desarrolla en carpas de colores con tres pistas unidas entre sí. En países como Ethiopia, la propuesta escénica es más modesta, pero no por ello menos fascinante. Ésta es la crónica de un circo de Addis Abeba. Pura destreza al servicio de un sueño.

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Desde fuera, el edificio, desconchado, da pocos rastros. Un letrero, igual de castigado por los avatares del tiempo, indica que no nos hemos equivocado. Atravesamos el zagüán de la puerta y… el hechizo nos atrapa. Entre paredes insulsas y decoración escasa, el mayor talento reunido que podríamos imaginar.

Lidy, atractiva y de movimientos felinos, se ejercita con unas pelotas de goma junto a Tegegn. Éste, sin perder la concentración, le traspasa las mismas bolas que ella recibe. Todo ello a velocidad vertiginosa y describiendo una escena apenas perceptible para el ojo humano. «¡Uau!», acertamos a bramar. Los malabaristas, con intacta intensidad, arquean una ceja e imprimen mayor celeridad. El maravilloso mundo del circo…etíope.

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Es, tan sólo, una pequeña muestra de lo que sabe hacer esta cuarentena de hábiles jóvenes. Otros como Fera, se retuercen sobre su propio cuerpo y danzan en el aire con espeluznante precisión. Los hay como Ephrem, que prefiere expresarse rítmicamente y jugar al escondite con tres sombreros. Birlibirloque. El gorrito por aquí, desaparece por allá.

En un barrio a las afueras de Addis, próximo a Megenagnato Lamberet, el tradicional circo presume de ser uno de los más prestigiosos del país. Con actuaciones itinerantes en la ciudad, pero también en Harar, Bahar Dar, Axum o Lalibela, el equipo se entrena con dureza para, algún día, cumplir su sueño: actuar en Europa. «Llevo siete años con mis compañeros y mi ilusión es poder vivir con lo que hago”, reconoce Fera sin dejar de accionar con el cuerpo varios aros.ethiopian_circus_addis_3_travel_Endoethiopia_3

En una sala tamizada de colchonetas y con una luz intensa proyectada desde el exterior que baña la estancia, los números se suceden y el circo recobra vida. El diábolo colisiona contra la cuerda, dos jóvenes saltan como el mejor de los wallias, un chiquillo hace cabriolas con un monociclo, una orquesta ensaya la última de las canciones y Lidy cambia de registro.Como si de un ventilador humano se tratase, mueve pies y brazos, con unas superficies cuadradas como punta de lanza.

“Ensayan entre tres y cuatro horas diarias y un mínimo de tres días”, nos susurra al oído Motuna, el mánager del equipo. “Los fines de semana solemos actuar donde nos contratan”, prosigue ajeno a nuestra cara de estupefacción.

Esta gran familia la componen tres grupos, de unos 40 miembros cada uno, que se distinguen por su nivel. El primero, habitualmente de gira por países extranjeros como India o Djibuti; el segundo, con el que pudimos conversar, se prepara para dar el salto de categoría y suele mostrar sus habilidades en el país; y el último,  formado por los más pequeños (a partir de unos ocho años), constituye la verdadera cantera de un arte que aspira a ser profesión. “Es mi pasión”, confima Lidy que, además, ejerce de profesora para los recién iniciados.

Los circos etíopes, diseminados por toda la geografía, surgieron allá por el año 1991, tal y como bien relata el periodista Paco Nadal en uno de los mejores post que se han publicado sobre esta temática. Hoy en día batallan sin descanso por convertirlo en un “modus vivendi”; y, claro, seguir dignificando aquello tan cierto de que es el mayor espectáculo del mundo.

Texto: RAFA MARTÍN / Fotos: TONI ESPADAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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