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Los parques nacionales y santuarios, la otra riqueza de Etiopía

Los parques nacionales y santuarios, la otra riqueza de Etiopía

Entre sus pertrechos, teleobjetivos y prismáticos. Como postura, mirada al firmamento, al infinito.  Ornitólogos y naturalistas miran al cielo sin decoro, pero no es de extrañar…Ethiopia es, probablemente, el paraíso de las aves. Se contabilizan más de 800 especies diferentes de las que, 16 son endémicas, y 14, semiendémicas.

Recientemente, y de la mano de Endoethiopia, un grupo de expertos visitó Simien Mountains y Bale Mountains, entre otros, para avistar pájaros y todo tipo de fauna. La experiencia certificó, por enésima vez, que Ethiopia es algo más que un infinito tablero de múltiples etnias o un rincón donde fascinarse con iglesias excavadas en la roca. Fauna y flora convergen, salvajes, en unas tierras de variedad inabarcable.

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Una vez más, Ethiopia supera los tópicos en este terreno. Al margen de ser, con toda certeza, el edén para observar aves, los recientes esfuerzos de los gobiernos encaminados en la protección de animales y sus hábitats, se han traducido en un completo mapa de parques nacionales y santuarios naturales. De todos los tamaños y características.Alrededor de los lagos del Valle del Rift (Abiyata y Shala), a grandes alturas (Simien y Bale) y los que surgen en las inmediaciones de los grandes ríos (Omo y Mago, entre otros).  En total, son diez parques nacionales y tres santuarios. Por partes.

Destaca el Parque Nacional de los lagos Abiyata y Shala (cerca del popular lago Langano) donde se encuentra la colonia más importante del pelícano blanco. Muy próximo a Arba Minch nos topamos con Nechisar, creado para la protección del endémico alcefalo o bubal de Swayne, un antílope de gran tamaño y con un característico color chocolate negro. Más conocidos son los grandes reptiles de esta zona, algunos de ellos de gran envergadura. Al otro lado del país, en el norte, las sempiternas Simien Mountains. Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y paraje singular para animales como la cabra montés de Abisinia o los llamativos babuinos gelada.

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De más complicado acceso, se encuentra al parque nacional de Bale, con sus 2.471 metros cuadrados y alturas que oscilan entre los 1.500 y los 4.377 metros. En sus entrañas puede verse, con suerte y paciencia, el chacal de las Simien o lobo etíope y la niala de montaña.

No queda ahí la cosa. Para los más atrevidos siempre quedará el parque nacional de Gambela. Aunque en su día fue rico en mamíferos y especies únicas, hoy en día los han reducido drásticamente. Aún así, abundan los pájaros (como el picozapato o las cigüeñas) y pueden contemplarse  el antílope de agua lechwe del Nilo y el cob de orejas blancas. La lista no acaba aquí. Kuni-Muktar, Yabelo, Yangudi-Rassa, Babille, Awash , Mago, Omo o Senkele hacen las delicias tanto de los viajeros curiosos como de los naturalistas. No hay que olvidar, por tanto, que los parques nacionales y santuarios naturales son la otra gran riqueza de Ethiopia.

Texto: RAFA MARTÍN     Fotos: TONI ESPADAS.    

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