Qat, la hierba del paraíso

Qat, la hierba del paraíso

Apenas unos cojines en el suelo y un ventilador apuntando al interior constituyen la decoración de la estancia. Yared, nuestro anfitrión, se apoya en una austera pared, invitándonos a hacer la misma operación. Acabamos de aterrizar en Addis, pero nuestra experiencia nos dice lo que acontecerá a continuación. Yared,parece ordenar en lengua amárico algo ininteligible para nuestros oídos occidentalizados, y nos sonríe con la boca llena de dientes.

Un familiar cercano (primo, hermano o quién sabe) nos acerca con respeto un refresco a cada uno de nosotros, mientras a Yared se le ilumina la mirada. Al poco tiempo, el mismo zagal reparte una bolsa que, si fuéramos más incautos, confundiríamos con té. Pero su aspecto frondoso, de color verde intenso y brillante apenas dejar lugar a dudas. Al acercar nuestras respectivas narices nos miramos con complicidad: estamos a punto de participar en una ceremonia del qat, todo un evento social.

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El hermano de Yared se casará al día siguiente, así que, tras mostrar los respetos a la familia y curiosear en la casa del novio, nada mejor que celebrarlo a lo grande. Fuera, el sol aprieta con violencia y nosotros nos sumamos con gusto a la fiesta. Elegimos las hojas más verdes, las introducimos en la boca una a una hasta convertir una masa. Masticamos horas y horas, al tiempo que sorbemos nuestro refresco. De tanto en tanto, escupimos la pulpa, y vuelta a empezar.

Con el paso de las horas, y si hacemos caso a los expertos, los efectos embriagadores y psicoactivos no tardarán en aparecer. El ambiente se relaja y Yared nos cuenta que el qat originalmente se utilizaba con fines medicinales, recreacionales y religiosos. También que es muy popular en Harar o Bahar Dar, y que, en infusión, se utiliza para tratar enfermedades como la malaria y la úlcera. Los ancianos mascan qat para mejorar sus funciones mentales y (cosa que no resulta baladí) su extenso consumo tiene un impacto destacado en la economía del país.

La sesión se prolonga durante varias horas. Al incorporarnos, una sonrisa bobalicona se nos dibuja en la cara. Parece que la hierba del paraíso ha hecho efecto. Como tenemos ganas de seguir celebrándolo, a imagen y semejanza de lo que muchos autóctonos aconsejan, rebajamos (?) los plácidos efectos de esta planta de dulce olor con una Saint George, la popular cerveza etíope. Ya sin Yared, y con la segunda consumición en nuestro poder, filosofamos largo y tendido sobre el qat y de su poder socializador. Oscurece en Addis y la velada se prolonga hasta el amanecer. ¿Será el influjo de la hierba del paraíso?

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