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La historia del Fábregas Etíope

La historia del Fábregas Etíope

Kazym, semiestirado, sestea en un tugurio sin nombre de Addis Abeba , capital etíope. Sorbe con estruendo la bebida carbónica de turno, al tiempo que masca con parsimonia el qat, un estimulante vegetal de gran popularidad en este país africano. Acompaña a la escena, un desvencijado televisor que trona la narración de un partido de fútbol aparentemente prescindible. Craso error.

Al otro lado de la pantalla catódica juega la pasión de Kazym: el Arsenal. Uno de los amigos de Endoethiopia, conocedor de los gustos futbolísticos de este chófer de profesión, se interesa por uno de los jugadores. «Cesc es catalán, jugó en el Barça», dice mostrando sus sapienza balompédica. «No», responde Kazym sin pestañear, «no se llama Cesc, se llama Fàbregas».

La amistosa discusión se prolonga en el tiempo, hasta que al hombre que le gustaba Etiopía para viajar, le da por bramar a la puerta: «¡Fàbregas, Fàbregas!». Ante la incredulidad de los presentes, un niño de corta edad, balón en mano, aparece raudo y veloz. «¿Los veís?, es mi hijo y se llama….Fàbregas, como el futbolista».

Que un etíope vibre con los éxitos de la liga inglesa, vale; pero que el mismo sujeto bautice a su hijo con el nombre de su jugador favorito, ya pasa de castaño a oscuro. Cosas de África.

Con el tiempo y la amistad, Kazym siguió en contacto con Endoethiopia, ora trabajando, ora compartiendo una velada degustando injera… Lo que no sabía nuestro buen colega es que su amado Fàbregas cambiaría la zamarra blanca y roja por la blaugrana y que, para el seguidor del F.C. Barcelona, volvía el hijo pródigo. En una reciente visita a nuestro apasionado Kazym, el carácter práctico africano nos volvería a dar una nueva lección. «Hola Kazym, ahora Fàbregas es del Barça, ¿qué piensas hacer?», le preguntamos entre risas. «Es fácil», responde, «puedo cambiar de equipo, pero no de hijo». Dicho y hecho.

El acérrimo seguidor del Arsenal, que se quedaba sin cenar tras una derrota de los «gunners»,  modificó sus gustos del deporte rey y se transformó en hincha del equipo de Barcelona. Por eso, para completar la cuadratura del círculo, Endoethiopia tuvo una brillante idea: conseguir una camiseta firmada por el «verdadero» Fàbregas a «nuestro» Fàbregas etíope. Así que, tirando de contactos, buena voluntad y la inestimable colaboración del deportista en cuestión (¿era Cesc o Fàbregas?), entregamos la preciada camiseta perfectamente dedicada a la simpática familia de Addis, ante la estupefacción del vecindario.

Dicen, además, que cuando escuchó la historia de su homólogo africano, Cesc Fàbregas, el del Barça, no pudo más que estremecerse. Al final, «happy end», el deportista de élite hizo una buena obra, Kazym luce ya con orgullo su zamarra y el Fàbregas etíope mira a hurtadillas a su padre, esperando crecer y arrebatarle una prenda que da sentido al niño con nombre de futbolista.

4 thoughts on “La historia del Fábregas Etíope

  1. […] Kazym, con esa extroversión que tanto le caracteriza,  escoge la parte más sabrosa del plato y, tras mirar de soslayo a su camarada,  se la introduce en la boca con la mano derecha. ¿Descortesía? ¿excesiva confianza?…Nada más alejado de la realidad. Como buen anfitrión, Kazym practica lo que se conoce como “gursha”, un brindis a la amistad gastronómica. […]


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